Los micro y nanoplásticos ingresan en nuestro organismo a través de varias vías :
Por medio del sistema digestivo con la comida de cada día. Inhalándolo por el sistema respiratorio cada vez que respiramos, y por medio de nuestra piel al contacto con la epidermis cutánea.
Las moléculas del plástico son capaces de cruzar la barrera hematoencefálica, la placentaria y la de todas las membranas celulares de nuestros tejidos corporales. Sus efectos a largo plazo para la salud humana aún son desconocidos. Pero en la actualidad hay ya muchos estudios concluyentes que estos residuos plásticos son los causantes de provocar la alarma en nuestro sistema inmunológico y desencadenar reacciones inflamatorias crónicas y generalizadas en toda la fisiología humana.
Los macrófagos son unas de las células encargadas de nuestra defensa inmune, cuando las cadenas moleculares de plástico entran en nuestro organismo, los macrófagos son alertados y engullen el plástico con la finalidad de destruirlos con las sustancias que producen en su interior, como son el peróxido de hidrógeno, superóxido y radicales hidroxilo. Sin embargo, estas sustancias no logran descomponer las moléculas de plástico, y de este modo, los macrófagos siguen vertiendo sus sustancias defensivas y en vez de destruir el plástico lo que consiguen es aumentar el estrés oxidativo y romper las cadenas de ADN, convirtiendo la acción de los macrófagos en genotóxica y proclive a que ocurran mutaciones genéticas que pueden provocar la modificación de las células y convertirlas en cancerosas y metastásicas.
Los plásticos también incorporan disruptores hormonales, que alcanzan a desarrollar alteraciones multisistémicas. En conclusión, la Plasticosis ha aparecido como un nuevo conjunto de patologías, que atacan todos nuestros sistemas, órganos y visceras .
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